Palabras de Axel

Las pérdidas son dolorosas. Sin embargo, me parece que por la forma en la que iniciaron su existencia, el dolor del gemelo sobreviviente debe ser de difícil comparación. En alguno de los pedazos del espejo roto es preciso asomarse, quizá entre los destellos de Nuestro Señor San Gerardo pueda Agustín descubrir el rostro de su gemelo precioso. Observemos detenidamente cómo el rostro de San Gerardo esboza una sonrisa que parece expresar: Gracias por haber hecho todo esto en conmemoración mía. Mi paz os dejo, mi paz os doy; buscadla dentro vosotros mismos. Ni hablar, a hacerle caso al hombre indispensable.

Aprovecho este medio para reiterar el agradecimiento por la inmemorable noche del viernes 18 de enero de 2008. Se conjugaron muchos sentimientos y recuerdos. Entre la intermitente presencia de Gerardo, Tlacuiloco, Agustín, Wichily McCoy, Gerardo disfrazado de Agustín y... Agustín vestido de Gerardo, se arremolinaban los recuerdos de Mamá-Z, las locuras propias de la juventud (que afortunadamente superaron la prueba de la edad), las amistades de aquellas épocas, las presencias, las ausencias, las pérdidas, los encuentros, la música, las charlas y los licores que condimentan la vida.

Nos reunimos en torno a quién dejo la vida tal y como la conocemos. Y las personas y la música hicieron el milagro: la muerte se tornó en un festejo lleno de vida. Salimos del Ruta con fuerza suficiente para enfrentar el peligro que significa seguir vivo. Ese milagro tiene dos causas originales: Agustín y Octavio, quienes supieron contagiar a los otros músicos, y éstos al resto de los asistentes. A todos agradezco el impulso vital de esa noche.

La lágrima es parte de la vida, y esa noche no pude ausentarla, ni esconderla. La causa fue el escuchar la musicalización de Wichily McCoy, Versos para un hombre Indispensable. El comentario cafetero, posterior al concierto, fue unánime; Magistral y emotiva interpretación. Ojala que Agustín se haya planteado ya la posibilidad de seguir haciendo música desde el escenario.

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